Feminizar el Ángel de la historia.

 

Hay una  historia demoníaca protagonizada por demonios y condenada a la eterna repetición de lo mismo. Y otra  angelical  protagonizada por  ángeles que anuncian la redención. Walter Benjamín, que tanto padeció la  primera, interrogó ansiosamente al arte en busca de un anuncio de la redención y creyó encontrarlo en el  Ángel Novus  de Paul Klee. Su imagen le pareció sin embargo insuficiente: evocaba más que mostraba y para resolver esta insuficiencia decidió interpretarla atribuyendo a los ojos tan abiertos una expresión de espanto ante las ruinas que se amontonan delante de él y la apertura de sus alas a la incapacidad de cerrarlas debido a un viento impetuoso que lo arrastra sin remedio hacia el futuro. El viento del progreso. Interpretación patética dictada por su idea de que la liberación de la historia demoniaca solo podrá ocurrir en ese “instante”  fugaz que es tanto del máximo peligro como de mayor posibilidad de advenimiento del Mesías.

María María Acha-Kutscher, revisita el Angel Novus de Benjamín y ofrece una versión del mismo en dos potentes composiciones fotográficas que forman parte de la Womankimd, la extraordinaria muestra de sus obras abierta actualmente en las salas de La Virreina, en Barcelona (23.03.19). El cambio más notorio que introduce su versión consiste en la inclusión la imagen de lo que en la de Klee estaba excluido: ese amontonamiento de  “ruinas sobre ruinas” que, según Benjamín,  es el verdadero significado del  “encadenamiento de sucesos”  al que confundimos con la Historia.  Pero no es el único ciertamente. El otro, más decisivo, es que el lugar del ángel lo ocupan ahora las mujeres, las ángelas. Mujeres comunes y corrientes, que poco o nada tienen que ver con las imágenes subalternas o sublimadas que el patriarcado ha ofrecido de ellas a lo largo de esa Historia y que ahora se entremezclan con las ruinas. Y que además carecen del patetismo que Benjamín creyó descubrir en la “parálisis”, la “boca abierta” y las “alas extendidas”  del Ángel de Klee.  Ellas, por el contrario, parecen completamente aplomadas, tranquilas, libres de ansiedad o dolor, mientras en un caso limpian cuidadosamente algún adorno doméstico rescatado del amasijo de ruinas. O en el otro están a punto de emprender el viaje que las alejará definitivamente de las mismas.

Todavía hay más. Estas ángelas que anuncian la redención de una historia  que para las mujeres ha sido especialmente demoniaca, están evidentemente sexuadas en contra de lo prescrito por la venerable  tradición angeológica reivindicada por el judaísmo, el cristianismo y el islam, que a los ángeles los quiso con la sexualidad omitida o denegada.  Como asexuada fue la lectura del Ángel de Klee hecha por Benjamín, tal y como ha subrayado la artista Michal Heiman en unos términos en los que resuena tanto la revolución feminista como la  Lgtbi. Para ella Klee habría sugerido “la doble naturaleza sexual del ángel”  dotado al suyo de  “un órgano sexual puntiagudo” y vistiéndolo con una falda. Me limito a subrayar que por su aspecto es evidentemente ángela y no ángel.

 

 

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