El barroco contra el barroco.

José Maldonado abre su exposición en la galería Aural de Madrid con un cuadro dedicado 4´33´´, la emblemática obra de John Cage que funciona como la clave que permite descifrar las intenciones que subyacen en el conjunto articulado de cuadros blancos y negros que la componen. En 1951, Cage entra en la cámara anaecoica de la Universidad de Harvard y en vez de escuchar como quería el silencio absoluto escucha los soterrados sonidos generados por el torrente sanguíneo y el funcionamiento igualmente incesante de su sistema nervioso. Así descubrió que no hay escucha sin quién le escuche ni sonido que no sea el silencio de otros sonidos. La pieza 4´33 ´´ es el corolario de esta revelación: el silencio de la música permite escuchar lo que la música acalla.

Maldonado hace suyas estas lecciones de Cage para pintar los cuadros que componen esta serie en los que además contraría la convicción de Ad Reinhadt de que el negro de sus “Ultimate painting” era o es negro, solo negro y nada más que negro. El negro de los cuadros de Maldonado está por el contrario grávido de mensajes. Mensajes cifrados en código Braille que solo pueden leer con quienes están ciegos porque para el resto de los mortales no son más que puntos negros impresos en la negra superficie de los cuadros. Del mismo modo que solo podemos ver o entrever los distintos matices que modulan sutilmente dicha superficie, que, en cambio, los ciegos pueden tocar mientras buscan en el cuadro las palabras que componen tales mensajes.

Podría decirse que estos juegos dialecticos entre el ver y el no ver y entre el ver lo que no podemos ver, no son más que variaciones del propósito perseguido por Reinhardt con su reducción de la pintura a la mínima pintura posible: liberar a la mirada de los motivos que la hacen mirar para reducirla al solo acto de mirar. Al mirar solo por mirar.  Pero el título de esta magnífica serie de obras de Maldonado- “Postrimerías”- nos advierte que con dichos juegos él, fugitivo de la lógica del minimalismo, lo que está haciendo es continuar en su tarea de desmantelar el barroco con el fin de utilizar sus recursos para decir lo que el barroco histórico nunca dijo.  O nunca quiso o nunca pudo decir.

Los mensajes cifrados en dos de sus cuadros son en realidad los títulos de dos impresionantes pinturas de Valdés Leal: “In ictu Oculi” y “Finis Gloriae Mundi”, que por sí mismas bastan para justificar la acusación de “nihilismo” que Nietzsche lanzó contra el cristianismo dada su radical devaluación de los poderes, los saberes y las riquezas de este mundo, víctimas irremediables de la muerte. Pero si esta devaluación del mundo la puso Valdés Leal al servicio de la confianza en el mundo que aguarda al fiel después de la muerte, la negación del mundo que suponen las paradójicas pinturas para ciegos de Maldonado puede en cambio interpretarse como el “purgante” capaz de librarnos de la intoxicación visual causada por el oculocentrismo compulsivo de nuestra época – tal y como lo ha hecho Armando Montesinos. La purga que nos permitiría recuperar la mirada ahora completamente distraída.

 

(08.09.2021)

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