Nuestra cultura egolátrica.

Rafael López Borrego ha aprovechado muy bien los tiempos muertos del confinamiento y la parálisis de la economía para, aparte de seguir impartiendo lecciones on line sobre arte contemporáneo, escribir este libro. Que estoy tentado de calificar como certificado de defunción de nuestra cultura egolátrica sino fuese por mi temor a que la misma vuelva por sus fueros una vez se disipen las graves amenazas que hoy todavía penden sobre su futuro. Y si no fuera porque mencionar si quiera la palabra “defunción” para referirse a su porvenir resulta demasiado dramático para una cultura tan hedonista como ella. Leyendo los diez capítulos de esta recapitulación bien razonada y mejor escrita sobre los tropos y los tópicos una cultura para la que definitivamente motion is emotion, también me ha venido a la cabeza la expresión ” Apocalipsis jubiloso”, acuñada por Jean Claire para titular la memorable exposición que hace un par de décadas dedico a la Viena fin-de- siecle. Pero me parece igualmente inapropiado. Si acaso podríamos hablar de un “apocalipsis light” consumado a golpes de selfie y de likes, como ha documentado Fernando Castro.

Ahora que todos somos distintos entre sí y que todos nos esforzamos de la mañana a la noche en ser distintos de los demás, el individualismo del que nos ufanamos y ponemos por encima de cualquier otra consideración ética o política se ha consumado de tal forma que ya no queda apenas rastro en él de sus épicas y altivas fundamentaciones metafísicas o teológicas. No queda más que su banalidad, que ni siquiera es la estremecedora banalidad del mal invocada por Hannah Arendt en sus crónicas sobre el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén.

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