David Bestué hace una cala en la historia de la arquitectura del edificio que sirve de sede a Tramas, su actual exposición en Madrid (02.2019), y que no es otro que el antiguo Palacio de Comunicaciones, popularmente conocido como “Correos”, reconvertido en asiento del Ayuntamiento y de Centro Centro, su peculiar centro cultural. A la luz de la documentación que aporta en la misma este histórico proyecto respondió al deseo compartido por la dirigencia política y cultural de entonces de compensar en el plano simbólico la pérdida efectiva de los restos del imperio con gestos enfáticos, grandilocuentes si se quiere. El tamaño monumental respondería a esa voluntad de reafirmación nacional en época de crisis de la nación misma, así como el intento de arquitectos como Joaquín Otamendi y Antonio Palacios de acuñar un estilo que respondiera a los desafíos de la modernidad desde una tradición específicamente española. La modernidad la puso la estructura portante metálica que ya había sido largamente probada con resultados espectaculares en los rascacielos americanos. Y una innovadora concepción espacial ensayada por primera vez por Frank Lloyd Wright en la sede de las oficinas de la empresa Larking en Búfalo, estado de Nueva York. La tradición quedo representada por la decisión de darle tamaño y empaque palaciego y una ornamentación cargada de escudos y emblemas y de citas historicistas a un edifico dedicado a la muy prosaica administración de los correos y los telégrafos nacionales. El resultado podría ser calificado de “pastiche” por alguien que todavía considere con Adolf Los que la ornamentación es un delito, aunque el historiador Fernando Chueca Goitia lo considerase un “canto a España” y arquitecto Antonio Fernández- Alba un ejemplo del “empirismo ecléctico” que caracteriza la arquitectura madrileña desde el siglo xix hasta el presente y que destaca por “sus redundantes escenografías regionalistas-platerescas”.
Pero sea el que sea el juicio que merezca a los especialistas el hecho es que al cabo de un siglo el palacio se ha convertido en una parte inseparable de la imagen de Madrid. Como el Círculo de Bellas Artes, el Banco Español del Río de la Plata – hoy sede del Instituto Cervantes- la Gran Vía, el Palacio de Telefónica… y el Metro que también cumple cien años de inaugurado. Testigos de una pretensión de grandeza que hoy probablemente no conmueve a nadie y que nadie menos que León Trotsky asoció – en sus meses de exilio en Madrid- a “la lucha por el alma de España” librada por unos bancos que “levantan enormes edificios, templos de una suntuosidad aplastante: He aquí el Banco Español del Rio de la Plata”. Y que en la arquitectura de “la nueva Casa de Correos”- que como dicho banco también es obra de Palacios – no vio tanto un palacio como uno de esos templos dedicados a proclamar no la magnificencia de Dios sino la del Capital.
