En la bienal de Shanghai (2018-19) hay una obra que me resulta admirable. Se titula Rio por asalto, es una video proyección de suelo a techo de siete pantallas y un punto culminante en la duradera preocupación de Clemencia Echeverri por la suerte de los ríos de su patria, Colombia. Ríos que ella ha incorporado a su obra para evocar los horrores de la guerra sin nombre que durante tantos años padeció su país y que aún hoy pega coletazos mortales. Ríos como vertederos de cadáveres arrojados a sus aguas por asesinos tan despiadados como deseosos de impunidad. Ríos que ahogan en su estruendo insomne los gritos de socorro de supervivientes indefensos. Ríos tan poderosos como una tormenta o temblor de tierra como lo es de hecho el rio Cauca, el rio que evoca con fuerza esta impresionante secuencia de imágenes. En una escarpada garganta se puso en marcha hace diez años el proyecto de producir electricidad mediante la construcción de una gran presa de hormigón armado que interrumpiría el curso de las aguas y daría lugar a un lago artificial de siete kilómetros de largo y millones de hectolitros de agua debajo de los cuales quedarían sepultados pueblos, cultivos, bosques. Los vecinos se opusieron al igual que los ecologistas convencidos de que los problemas que traen consigo estos megaproyectos superan ampliamente los beneficios que se esperan de ellos. Existen otras alternativas – afirmaban y todavía afirman. La megalomanía tiene sin embargo su precio y hace unos cuantos meses una parte de la presa cedió a la presión de las aguas contenidas y se derrumbó. Los anuncios reiterados de catástrofe se cumplieron y el río recobró su carácter indómito. El proyecto Ituango está ahora paralizado y poniendo énfasis en su actual estado ruinoso Clemencia Echeverri ha compuesto una obra que es la crónica sincopada del rio Cauca, de su mansa emergencia de las entrañas de la Tierra, del crecimiento cada vez más impetuoso de su caudal, del apresamiento del mismo, de la furia atormentada con la que rompió la presa, de la muerte y destrucción que causó a su paso y de su final sepultura en el mar. Una crónica que es también un madrigal, un lied, un canto, un himno, un réquiem y una elegía y desde luego un sobrio lamento por la naturaleza agredida y un grito de protesta en contra de los aprendices de brujo que tan despiadadamente la agreden.
