En La Casa Amarilla.

El viernes fue un día magnifico. Desde luego por la presentación en La casa amarilla de Zaragoza de “El libro de las artistas”, selección mis escritos dedicados a las mujeres artistas, que se resolvió en una tertulia en petit comité, en la que Chus Tudelilla, Miguel Cereceda y yo mismo terminamos hablando del lamentable estado actual de la crítica de arte en los medios hegemónicos que parecen haber convenido con Joseph Goebbels que la mejor crítica de arte es la que no se hace. Así como del mercado del arte, hoy tan fracturado como la propia sociedad neoliberal, entre una rica y poderosa minoría de estrellas y un amplísimo precariado artístico que como el resto tiene dificultades para llegar a fin de mes. Por ocuparnos nos ocupamos de la indignante exclusión de Maria Gimeno de la información que han dado los medios sobre la exposición de Sofonisba Anguisola y Lavinia Fontana en el Museo del Prado, siendo que ella la acompaña con una muestra de su propio trabajo y una performance anunciada para el sábado 9 de noviembre. Pero la jornada resultó igualmente esplendida por las muchas horas que los tres dedicamos a hablar de Matías Goeritz, el artista alemán, de quien fue la idea de fundar la Escuela de Altamira, y a quien Chus ha dedicado no solo un libro memorable sino una serie de artículos posteriores que han puesto en evidencia quien era en realidad este insólito personaje. Que más que el bello y desafiante caballero teutón, encarnación viva del ideal racial adoptado por el nazismo, fue un Zelig, un personaje digno de figurar en la duradera y fecunda historia de la picaresca española, por su capacidad de mutar sin rubor al ritmo cambiante de las modas artísticas y de su deseo de agradar y seducir a sus igualmente cambiantes auditorios para mejor posicionarse y triunfar. Un personaje que merece una novela o por lo menos una biografía novelada que dé cuenta de cómo fue posible que un militante de las juventudes nacionalsocialistas se convirtiera en un judío alemán perseguido y cómo un joven y brillante miembro de la Academia de las Bellas Artes del III Imperio Alemán se transformara en una figura tan influyente de la vanguardia artística de los años 50/60 del siglo pasado. Fascinante, lo confieso.

(En la foto capto el momento en el que Miguel Cereceda entrega en mano a Chus Tudelilla el ejemplar del libro que recopila los post de Luis Francisco Pérez) 27.10.2019

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