Margarita Ariza y el racismo

En el Centro Colombo Americano de Cali ofrecí ayer una video conferencia dedicada a un proyecto, a un work in progress de Margarita Ariza Aguilar, que tiene la virtud de eludir la denuncia del racismo para centrarse en preguntarse y preguntar por nuestro propio racismo. El de cada quién, el racismo que negamos en nosotros mismos a pesar de que está presente en tantas de nuestras conductas cotidianas aparente o realmente inconscientes y en tantas de las expresiones del lenguaje común que usamos ingenua o maquinalmente. Su proyecto se llama “Blanco porcelana” en alusión a una expresión habitual de su abuela, quien pese a vivir en una ciudad como Barraquilla, en el caribe colombiano, rodeada de negros, mulatos y mestizos, se enorgullecía de que sus hijos y nietos fueran tan blancos como la porcelana. Como si su descendencia y ella misma pudieran estar realmente libres de la mezcla con cualquiera de esas “razas” denigradas. La primera exposición que Margarita realizó sobre este tema, que incluía objetos y documentos de su propio ámbito familiar, indignó una parte de su familia que la demando por vulnerar el honor y la intimidad familiar, logrando que un juez ordenara la clausura de la muestra y la prohibición de exhibir en el futuro su contenido. Margarita apeló la sentencia y después de años de batallar con jueces y abogados logró que la Corte Suprema de Justicia, reconociera su derecho a la libre expresión y anulara la sentencia del juez. Y hace pocos días, en el marco de un festival de arte dedicado a la decolonialidad, inauguró en el Museo Colonial de Bogotá una nueva versión de su proyecto. Se titula “Casi de porcelana” y está articulado por un retrato de la Marquesa de Santa Jorge, pintado por Joaquín Gutiérrez. El retrato que fue exaltado por una comentarista de la época porque el pintor había logrado que la piel de la retratada, que era una criolla, fuera casi tan blanco como la porcelana. Nuestra artista lo que ha hecho es una réplica del traje exhibido por la marquesa en su retrato y ha convocado a 42 personas, mujeres y hombres de todos los colores, para que se lo pongan y se dejen retratar en la misma pose y con el mismo aparato escénico utilizado en el retrato de la marquesa. Con este gesto viene a decirnos que voluntaria o involuntariamente nos hemos puesto en el lugar de la marquesa y que por lo mismo hemos hecho nuestro el racismo implantado por el régimen colonial español en Colombia y en el resto de la América que lo padeció. 24.10.2019

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