Fátima Miranda. La voz.

La noche del sábado pasado fue para mí la gran noche porque tuve enorme la fortuna de asistir a la performance de Fátima Miranda en la Nave 10 de Matadero en Madrid. Se titulaba, con un poco de sorna, Living Room Room, y le permitió el despliegue de su polimórfica polifonía, de su capacidad inaudita de escalar y descender por todos los registros, de tocar todos los palos, de mezclar el zen con los giróvagos y a Arniches con Cage: al final nos hizo entonar a todos el sonido del silencio. Porque como he escrito en la entrada que le dedico en El libro de las artistas, “ella logra alcanzar con su arte el estado milagroso en que su voz no es su instrumento sino que ella es instrumento de la voz. Su médium si se quiere. La voz que a todos nos resulta ajena a pesar de que nos pasemos la vida apaciguándola, amaestrándola, controlándola para que sea “nuestra”. 15.10.19

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