La crítica de arquitectura como arte.

Creo que para un crítico de cualquier disciplina es muy difícil lograr lo que logró Luis Fernández-Galiano Luis Fernández-Galiano,  que presentaran una obra suya dos de las figuras más sobresalientes del campo del que se ocupa dicha obra: Rafael Moneo y Norman Foster. Ambos merecedores del premio Pritzker – el Nobel de la arquitectura- por una obra vasta y proteiforme  realizada a lo largo de medio siglo y en la que abundan los edificios que han hecho historia. Y quienes no dudaron en celebrar la imaginación, la inteligencia y la fecundidad de un colega que con una prosa magnífica  ha dado cuenta  de lo que ha pasado de importante en la arquitectura del mundo en dos septenios cruciales: el del fin del siglo pasado y el del comienzo del presente. El primero  del entusiasmo, como afirma el título del primero de los dos volúmenes de esta obra y el segundo de la incertidumbre, como se titula el segundo. El primero inaugurado por la caída del Muro de Berlín y el segundo desencadenado por el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. El primero del auge espectacular del postmodernismo y la globalización y de una danza de los millones cuyo frenesí solo admite comparación con la de los roaring twenties del siglo pasado. Y el segundo ensombrecido por el regreso del fantasma de la guerra, la irrupción del terrorismo urbi et orbi y la pérdida de confianza en los “delirios neoyorquinos”- para decirlo con el título de un libro célebre de Rem Koolhaas. Que ya está a punto de caer en el olvido sino es que ya ha caído en él.

Los dos tomos consisten en una recopilación de los artículos sobre arquitectura publicados a lo largo de los mencionados septenios por Fernández-Galiano en el diario El país de Madrid. Que su autor ha editado con mimo, apelando a la numerología para introducir un orden compositivo en un la realidad caótica o al menos desquiciada que captada por dichos artículos. La suma de los dos septenios es catorce, un número que para él remite tanto a la poesía como a la historia. Porque catorce son las silabas del verso alejandrino y alejandrina es la época conocida igualmente como helenística. Época de riqueza cultural y material, época de una madurez que  raya en la decadencia. Que parecen también rasgos básicos o estructurales parecen marcar el presente de “la vieja Europa” que dijo  Donald Rumsfeldt, el secretario de Defensa americano irritado por la oposición de Francia al desencadenamiento por George W. Bush de la segunda guerra de Irak. La madre de todas las batallas, la ruptura de aguas que ha traído estos lodos.

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