
En la presentación de Cnio.Arte19 en ARCO (02.03.19) expuse estas ideas básicas. En primer lugar que de lo que trata este proyecto es del dialogo entre el arte y la ciencia y no del diálogo entre el arte y la técnica. La ciencia y la técnica están ligados hasta el punto de que Heidegger pudo hablar de “la ciencia como empresa” y ya es común el uso en la literatura de divulgación de términos como “tecno ciencia” o “complejo tecno científico”. Al ámbito del dialogo o mejor de los intercambios entre el arte y la técnica pertenecen obras tan características como las de Daniel Canogar o de Rafael Lozano-Hemmer. El proyecto del Cnio propone, en cambio, el diálogo del arte directamente con la ciencia, en cuanto dispositivo teórico capaz de generar y asegurar el conocimiento, neutralizando o poniendo en segundo plano los inevitables componentes técnicos de la una y de la otra.
Por su misma naturaleza esta clase de dialogo obliga a enfrentar la extraordinaria dificultad que supone para su realización la diferencia radical existente entre el lenguaje del arte y el de la ciencia, que he reducido a la oposición entre el matema y la imagen en atención a la actual matematización del lenguaje científico y a la desmaterialización de las concepciones y las prácticas artísticas contemporáneas. Esta diferencia exige un trabajo de traducción que la literatura de divulgación ciencia aborda desde el lenguaje común luchando por sobreponerse a la ambigüedad esencial que lo caracteriza con el fin de no traicionar los contenidos de verdad del lenguaje científico. Y de reducir a términos comprensibles para el lector común conceptos y entes de la ciencia que con frecuencia resultan contraevidentes o contrarios al sentido común.
El problema con la literatura de divulgación científica- tan útil y necesaria- es que tiende a alienar o clausurar las preguntas en las respuestas que la ciencia en cada momento da a las mismas. Es inevitable pero, insisto, es problemático porque, como afirmó el físico Ignacio Cirac, en la presentación de este mismo proyecto del Cnio, realizada días atrás en la sede de este, para la ciencia es tanto o mas importante formular preguntas que responder a las mismas. Y es en este punto crucial donde interviene el arte, tal y como lo demuestra la respuesta que ha dado Chema Madoz al desafío que supuso para él entablar el diálogo con Cirac que le propuso el programa del Cnio. Consistió en la impecable fotografía de una mesa de billar que soporta un grupo de bolas de billar unidas por barras. La imagen se mueve en los ámbitos de la incertidumbre y la probabilidad que son propios de este juego pero también de la mecánica cuántica. Pero a la vez es enigmática – como lo es en definitiva la imagen artística – y por serlo nos obliga a preguntar por las razones que han movido ha Madoz a unir las bolas de billar de esa manera. El matemático Rodrigo Laurens, ofrece una respuesta: esa fijación el de las bolas de billar que en el juego deben estar sueltas, evoca o remite al concepto de “entrelazamiento cuántico”, que cumple un papel decisivo en las investigaciones en torno a la computación cuántica a las que se dedica el equipo encabezado por Cirac en el Instituto Max Planck de Munich. O sea que Madoz en vez de simplemente acuñar una metáfora nos propone una pregunta y la deja abierta.

