LZ46 es el nombre de un proyecto artístico y cultural que la galería Freijo de Madrid puso ayer en marcha con un diálogo entre los arquitectos Juan Cuenca y Nacho Carbó y una performance de Juanjo Guillem y Alicia Narejos. Obviamente no puedo trascribir al completo los contenidos del mismo. Sólo subrayar que permitió visualizar el contraste entre el racionalismo de pensamiento y de obra característicamente moderno de un arquitecto tan veterano como Cuenca. Y la apuesta ciertamente posmoderna por una arquitectura narrativa e inclusive autobiográfica de Carbó, un joven que al igual que su colega es tanto arquitecto como artista.
Guillem, percusionista de la Orquesta Nacional, interpretó con una marimba electromecánica, una pieza de su autoría que actuó como el hilo de Ariadna o el canto de María Sabina guiando el despertar Alicia Narejos y su prolongado esfuerzo por librarse de la envoltura que como un huevo o una placenta la tenía atrapada. Espléndida en su indisoluble asociación de la belleza y la angustia, de la esperanza y su fracaso. Y del ruido y la música, que es la marca de fábrica de la obra de Guillem.
