“Micromegas”, el título de la novelita filosófica con la que Voltaire se burló de los filósofos de su época, con el que Javier Castro Flórez y Marisol Salanova han bautizado su editorial, es utilizado ahora por Elsa Paricio para titular a la obra ciertamente más destacada entre todas las que se exponen actualmente en la sede de la colección de arte OTR de Madrid. Lo digo consciente de que las restantes tienen igualmente gran calidad. Porque que la tienen y sobresaliente las esculturas “El poliedro de la melancolía” de Jorge Oteyza, “El árbol de Nabucodonosor” de Miler Lago, la serie “Lecciones de pintura” de Marlon Azambuja y las pinturas en blanco y negro de Antonio Franco, dedicadas a las entrañas de una central hidroeléctrica. Pero si “Micromegas. La colección Voltaire” sobresale es por la sorprendente alianza de refinamiento y desmesura que se resuelve en 16.ooo dibujos minúsculos sabiamente dispuestos en un mueble exhibidor diseñado a cuatro manos por Elsa Paricio y Marlon Azambuja, que firma como comisario esta notable exposición. El propósito confeso de esta insólita obra es evocar la mirada que arroja sobre nuestro mundo el gigante de “120.000 pies de altura” imaginado por Voltaire, con el fin de relativizar alegremente nuestro deplorable antropocentrismo.
