Poeta en tiempos sombrios.

 

                                                    ¿Se cantará en tiempos sobrios?

                                                       ¡Se cantarán los tiempos sombríos!

                                                      Bertold Brecht.

Escribe el autor anónimo del panfleto que acompaña la exposición de David Wojnarowics en el Museo Reina Sofia que el mundo ha cambiado mucho desde que 1999 se inauguró su primera retrospectiva en América. Y tanto. Pero ya para entonces las cosas había cambiado allí mucho más, si cabe, con respecto a aquellos años 70/80 en los que Wojnarowics destacó como el poeta lúcido y proteiforme de lo que para millones de personas fueron en realidad años muy turbulentos,sus tiempos sombríos si se quiere. Hoy puede parecernos exagerado que califiquemos así a una coyuntura histórica que en el lenguaje de la objetividad suele calificarse de tránsito de la sociedad industrial a la postindustrial. O de la moderna a la postmoderna. O de la fordista a la postfordista… Todas expresiones tersas y bien formadas y sin embargo poco o nada expresivas de la aspereza de las luchas, las abruptas rupturas y la intensidad de las experiencias protagonizadas y padecidas por la generación de la que Wojnarowics fue sobresaliente poeta. Porque dicho tránsito, a pesar de lo que se diga de él, no fue simplemente otro paso delante en la evolución de una sociedad como la americana dispuesta desde siempre hacia adelante, anticipando el futuro y buscando incesantemente alcanzar fronteras cada vez más remotas. Fue, por el contrario, el desenlace por todos inesperado de una coyuntura excepcionalmente conflictiva. Explosiva. Recordemos: era la guerra de Vietnam, los movimientos estudiantiles en contra de la intervención americana en la misma, la rebelión de los afroamericanos y los chicanos, el hipismo, la contracultura y la psicodelia y desde luego la irrupción de los movimientos feministas y de liberación de los lgtb. Los desacuerdos y las protestas sacudían de arriba abajo esa América que Woody Guthrie, poeta de otra guerra, había reivindicado para los de abajo cantando This Land is your Land/ From the California to the NewYork Island/ From the Red Wood forest to The Gulf Stream Waters/This Land was made for you and me”. Y obviamente a la propia Nueva York que aportaba sus propios conflictos o su específica versión de los conflictos comunes y sobre todo un cierto tono en la expresión y formalización de los mismos. Un stimmung si se quiere.  El tono a cuya definición tanto contribuyó Wojnarowics. Aunque no solo él desde luego, que allí están las obras de Robert Mappelthorpe, Martha Rossler o de Patty Smith para certificar que los agudos contrastes del blanco y negro le convenían al registro de los duros enfrentamientos que entonces sacudieron los cimientos de la capital del siglo xx más que la paleta optimista y multicolor del hipismo californiano. Contraste que es literal en las fotografías de Mappelthorpe y del propio Wojnarowiciz y metafórico en las obras de este último que se ofrecen como afiches manipulados con violencia para impugnar bruscamente y en su propio terreno los mensajes seductores y la estética autocomplaciente del cartelismo publicitario. A la que por el contrario se plegó la ironía warholiana. Y aunque nada del contraste literal o figurado entre blanco y negro aparece en las impresionantes pinturas Wojnarowics, también es cierto que cabe calificar a muchas de ellas de “sombrías” por la luz abisal que ilumina unas composiciones figurativas en las que el surrealismo se hermana con una agresividad expresionista.  Y porque ponen en evidencia la rabia de quien ha visto cómo la desafiante reivindicación de sus pulsiones homo eróticas es súbitamente amenazada con una epidemia como la del sida, que no solo se cobra la vida de tantos amantes, amigos y conocidos, sino que es utilizada por los portavoces de la “mayoría moral” como un estigma destinado devolver al ghetto a quienes han puesto en entredicho los paradigmas de sexualidad hetero patriarcales.       

En 1999, como ya dije, todas estas batallas parecían definitivamente resueltas y las dramáticas pasiones de entonces completamente sepultadas por el optimismo clintoniano de quienes estaban convencidos de que por fin se había arribado a la Tierra prometida. O más prosaicamente al fin de la historia concebida hegelianamente como historia de la lucha por la libertad. El hecho de que a exposición de David Wojnarowics en el Museo Reina Sofia de Madrid nos resulte tan oportuna como pertinente prueba que de optimismo se ha desvanecido completamente. Y la inconformidad y el desasosiego han vuelto a apoderase de nuestro ánimo.

 Por último: si he llamado poeta a Wojnaroricz es para subrayar su condición de hacedor, que desplegó su proteiforme voluntad de autor tanto en los terrenos de la fotografía, el cartelismo y el documental como en los de la pintura y de la poesía en estricto sensu.         

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