Bruce Nauman y las “mystical thruts”.

Setting a good corner es el titulo del video que cierra el corpus de  obras incluidas en Estancias, cuerpos, palabras, la exposición antológica de Bruce Nauman abierta actualmente en el Museo Picasso de Málaga. Lo cierra en sentido temporal: fechada en 1999, es la pieza de fecha más tardía  en un conjunto en el que  la más temprana es de 1967. Y lo cierra desde el punto de vista conceptual porque ofrece sin duda claves para descifrar la muy compleja relación de Nauman las performances. En la performance registrada en este video no le vemos, como es habitual en la mayoría de sus performances, poniendo a prueba su cuerpo con el fin de explorar hasta él limite sus capacidades y sus posibilidades expresivas. No. Setting a good corner no es una más de esas performances de “laboratorio” confinadas por definición  en la escena artística que persiguen fines y obedecen a protocolos pensados e imaginados exclusivamente por su autor. De hecho la performance documentada por un video de cerca de media hora de duración se realiza al aire y  en pleno campo. No se ciñe a un método creado ex novo por Nauman sino al que aprendió de su amigo Gene Thornton. Y  no se propone ejecutar una acción artística imaginativa, impactante o sorprendente sino la muy prosaica de construir una “buena esquina”, capaz de “apuntalar un muro” firme y perdurable. Esquina que  Nauman efectivamente construye utilizando tres grandes y sólidas traviesas de las empleadas en las vías férreas, que clava profundamente en el terreno con la ayuda de un taladro mecánico, un poste de cedro, unos leños y un buen trozo de “alambre suave en vez de alambre de púas” para evitar que le rompa la camisa y le hiera los brazos “obligándolo a maldecir”. Además viste con sombrero, camisa y pantalones vaquero, como cualquier peón del campo del Oeste americano.

Cierto, puede echarse mano de Marcel Duchamp y afirmar que esta esforzada labor de albañilería es una obra de arte porque el artista así lo ha decidido. El asunto no resulta sin embargo tan simple cuando nos distanciamos de esta clase de  despliegues de la voluntad de poder en los ámbitos del arte e introducimos la variable lingüística, invitados por el propio Nauman, quien no ha vacilado en poner entre paréntesis el siguiente subtitulo a un video que es crudamente documental: (Allegory & Metaphor). Un subtítulo que cabe poner en conexión con la primera de sus obras de textos escritos con tubos de neón puesta en el escaparate de la antigua tienda que fue su primer estudio de artista en San Francisco.

El texto, inscrito en una espiral, es toda una declaración de principios: “The true artists helps de Word by reveling mystics thruts”.  Retengamos esta última expresión y preguntemos por lo que puede significar en el campo de intereses filosóficos de Nauman marcado, como suelen subrayar los analistas e intérpretes de su obra, por su temprano interés por el pensamiento de Ludwig Wittgenstein. Las “verdades místicas” serian aquellas de las que no se puede hablar una vez que el análisis lógico del lenguaje emprendido por el filósofo vienés determina que las proposiciones referidas a ellas carecen de sentido. Serían entonces verdades ostensibles, evidentes de suyo, cuya única garantía de existencia sería su propia existencia. Verdades al margen o por fuera de los limites del lenguaje que solo puede señalar su existencia antes de callar definitivamente ante ellas. Como lo serian de hecho las performances cuya verdad se confundiría con su existencia, como ocurre en los actos de habla performativos de Austin. ¿Pero está Nauman realmente de acuerdo con esta teoría? El subtítulo de Setting a good corner parece indicar que no. Que él no cree realmente que las “verdades místicas” que  corresponde revelar a los artistas sean necesariamente mudas sino que por el contrario solo pueden tener lugar en el lenguaje. En ese lenguaje, calificado de natural por oposición a los artificiales, cuya ambigüedad radical, que tiene expresiones ejemplares en la alegoría y la metáfora, no puede ser curada por el análisis lógico del mismo por muy riguroso que sea. El acto de construir una “buena esquina” sería entonces tanto una alegoría como una metáfora. Al menos que lo que haya pretendido Nauman con el dichoso subtitulo sea en realidad ejercitar la ironía con cargo a quienes nos dedicamos a interpretar las performances.

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