Poéticas de la democracia: el pasado congelado.

El otro día (19.01.19) coincidí por casualidad con Antoni Muntadas en la polémica exposición Poéticas de la democracia en el Museo Reina Sofía de Madrid. Estaba sorprendido de que no incluyera la instalación que presentó en el legendario Pabellón español de la bienal de Venecia de 1976, a pesar de que dicha instalación fue reconstruida hace tres años en Bruselas y de que él conserva imágenes de su versión original. Entiendo su queja, pero no la comparto del todo porque hay que tener en cuenta que los curadores de esta expo no se propusieron en realidad la reconstrucción completa de la de Venecia sino contraponer a una cala supuesta o realmente representativa de la misma el arte y las imágenes del activismo político de quienes se opusieron o estuvieron al margen de la esfera de influencia de los partidos políticos que protagonizaron la transición. De allí que hayan incluido propaganda política de la miríada de grupos situados a la izquierda del PSOE y del PCE. Como la Familia Lavapiés, por ejemplo. O de que hayan concedido un lugar a las imágenes y documentos de los vigorosos movimientos feministas de la época, aunque sin ofrecer una justa representación del arte hecho en esa misma época por las mujeres. Tal y como lo ha criticado Rocio de la Villa, en un editorial de la publicación on line m-arte.
A mi este parti  pris no es que me parezca mal. Pero no puedo evitar pensar que encaja en el propósito del llamado Régimen de la Transición de perpetuar sine die la Transición. De congelar, de fijar para siempre la fluidez que el mismo término implica en un marco constitucional y en un dispositivo de fuerzas políticas que ahora a muchos nos parece anacrónico o por lo menos desfasado. Por esta razón “Poéticas…” traiciona por decirlo así el espíritu del Pabellón del 76, que incluía tanto una reconstrucción del Pabellón de España en la Exposición universal de Paris de 1937 como una muestra representativa del arte hecho desde el fin de la guerra civil hasta el que se estaba haciendo en los años 70, tanto dentro como fuera de España. Ese vínculo entre pasado y presente, tan vivificante, tan instructivo, es el que echo en falta en exposición que ha preferido, insisto, perpetuar la coyuntura del 76 en vez de evaluar hasta qué punto ella ha sido sobrepasada por los acontecimientos. En ese sentido, es una exposición íntimamente conservadora. Como quizás no podría ser de otro modo dado el carácter estatal del MNCARS.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.