Prosopopeya.

El sábado pasado estuve en la inauguración de la décima sexta edición del Encuentro de Artistas en Quintanar de la Orden y di con dos obras que me atrajeron sobre manera. La instalación <<El Dorado>>, homenaje de Mireia Sentís a la pintora Amelia Moreno, fundadora e inspiradora de este proyecto que ahora, tras su muerte, encabeza David Cohn, su viudo, su compañero de tantos años. Me impactó el contraste entre la larga hilera de enormes y añejas tinajas de barro con las fotos a todo color impresas sobre grandes láminas de los rascacielos de Chelsea en Nueva York de una frialdad excepcional. Evocaban de golpe la vida y la obra de Moreno tensada entre su pasado familiar en ese pueblo manchego y la experiencia trepidante de sus años en la capital del Imperio, su personal El dorado. La otra obra, la video proyección de Diana Arean titulada <<Cien muertos>>, me conmovió. Sobre el fondo negro de la pantalla van apareciendo los nombres en blanco de cien personajes del arte y de la historia cuyos retratos su padre, el arquitecto Tono Arean, dibujó en carboncillo hasta formar un libro que lleva el mismo título. En las páginas impares esta reproducido un original y en las impares la impronta que dicho retrato dejó en la página opuesta del cuaderno donde Arean dibujó todos los retratos. O sea que tenemos el retrato del personaje y la impronta que acentúa su carácter fantasmal y en contrapunto una video instalación que evoca esta colección de retratos dictada por la admiración que su autor profesa a cada uno de los retratados. Vivos y muertos. La video instalación acentúa hasta extremos fascinantes esta insólita conjura de fantasmas, con un audio compuesto a partir de las voces de los retratados. O de quienes les conocieron o dan testimonio de lo que fueron. Un audio tumultuoso, sobre cargado y a ratos incomprensible que me trajo a la cabeza la palabra “prosopopeya”, en el fondo de cuyo sedimento semántico está sepultado su significado primitivo: la voz de los muertos. Y que pasados unos días hizo que cobrara para mí todo su sentido este pasaje de los <<Escritos sobre arte>> de Fernando Sinaga: “… las palabras de Goethe siguen reverberando en el aire como una clariaudiencia perdida que Joseph Beuys recuperó en su obra <<Las palabras que se pueden oir>>, 120 dibujos expuestos en una sucesión geométrica que recorren un universo lleno de voces”. Incluidas, desde luego, las voces de los muertos.20.09.2019

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