Deconstruir el monumento.

En las últimas semanas el escultor palentino Victorio Macho ha sido el protagonista involuntario de una virulenta polémica política desencadenada por el derribo de la estatua ecuestre suya, consagrada a Sebastián de Belalcázar en Popayán, Colombia y que ha dado lugar a que la Alcaldía de Cali empaque, a lo Christo, la pedestre, igualmente suya, que se yergue en dicha ciudad en un lugar prominente. Como 20 años antes lo había hecho la artista Liliana Villegas Jadect. Polémica política que ha puesto en cuestión la eternidad e intangibilidad pretendidas por las autoridades comitentes de ambas y ha permitido un ejercicio de deconstrucción estética e histórica que, paradójicamente, ha transformado a estas dos notables esculturas en work in progress, en arte que condensa y expone el carácter conflictivo del devenir histórico. Como dando razón a los tertulianos del café literario que, en principio, celebraron las fotos que mostraban el esqueleto de la escultura ecuestre del conquistador extremeño construida en el taller parisino de Macho, equiparándola a las de Picasso o Julio González. Y luego se echaron las manos a la cabeza cuando se enteraron que el escultor tenía previsto revestir ese punzante esqueleto con bronce para darle la forma de un caballero ecuestre, tal y como ha contado Halim Badawi en su muro. (23.09.10)

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