La semana que hoy termina (09.02.19) nos ha dado buenas pruebas de cuán a debate está la imagen femenina. Tanto que ya no podemos hablar de imagen en singular sino de imágenes divergentes e inclusive contradictorias. La galería Pilar Serra de Madrid ofreció la imagen beatifica, encarnada en tres esculturas de cabezas de mujer en bronce de Jaume Plensa, acompañadas de dibujos de gran formato que evocan el ingrávido encanto de la sonrisa de la Gioconda. En <<Todos los icebergs son negros>> – la gran antológica de la obra audiovisual de Bernardí Roig en Tabacalera curada por Nekane Aramburu – la imagen es otra: carnal, risueña, sexual y fascinante. Sobre todo en la impresionante video instalación que se apodera con fuerza del patio de esta fábrica decimonónica y lo hace completamente suyo con la proyección de sobre sus muros de una video grabado en la misma tabacalera en la que mujeres desnudas y con solo tacones corretean alegremente. Sin pudor y desde luego sin impudicia. Porque de poner la impudicia se encarga un video emitida por un monitor en una de las salas que conforman el laberinto de esté desaforado espacio expositivo. Es un video pornográfico sin atenuantes, en el que vemos a una pareja fornicando a placer.
Esta celebración de la corporalidad de la sexualidad femenina podría ser descalificada por quienes denuncian que tras de la imagen femenina en la pornografía y en la publicidad está la mirada patriarcal que reduce a la mujer a la condición de objeto enteramente a disposición de la voluntad y los deseos masculinos. Críticos o críticas que, en cambio, deberán sentirse satisfechos con <<Patriarcado>>, la exposición inaugurada igualmente en esta semana en el Museo Thyssen- Bornemisza de esta capital. La integran dos video proyecciones y una escultura de pequeño formato. El primero registra la performance en la que Cristina Lucas destruye con una gran porra una réplica en yeso de la escultura que Miguel Ángel dedicó a Moisés, el patriarca por antonomasia. En el segundo, de Eulalia Valldosera estamos ante una inmigrante ucraniana limpiando meticulosamente la escultura de Claudio- emperador romano- conservada por el museo arqueológico de Nápoles. Guillermo Solana- el director del Thyssen acertó cuando en su presentación el mismo descubrió la inquietante fusión de dos imágenes: la limpiadora y la de geisha. Porque la sujeción o el sometimiento al macho dominante tiene una carga libidinal que es la ganga de la que debe liberarse tanto la sexualidad femenina como la masculina si es que quieren sobrevivir en una época marcada por la emancipación irreversible de las mujeres.
