La naturaleza después de la naturaleza.

El verano que está a punto de abandonarnos me deja el recuerdo de dos exposiciones de un  arte que podría calificarse de arte después de la naturaleza. De la naturaleza tal y como todavía hoy la imaginamos, con sus montañas, bosques y praderas, sus lagos, playas, mares y océanos. Libre como el viento y las nubes. La naturaleza que se convierte en impetuoso objeto de deseo cuando nos sentimos más atrapados que nunca en los laberintos urbanos y en imagen sacra de lo que estamos destruyendo sin remedio, cuando nos llegan las noticias de incendios pavorosos, inundaciones devastadoras y calores extremos en todo el planeta.

Las dos muestras a las que me refiero toman distancia de ese paraíso al borde del abismo. La primera, Agrilogística, porque nos muestra cuan poco natural ya es la propia naturaleza. Y lo hace recurriendo al ejemplo holandés, en el país en el que es más evidente que en cualquier otro de los que tengamos noticia, de que la naturaleza, tal y como la conocemos actualmente es el resultado de milenios de nuestro trabajo sobre ella. Trabajo físico, de roturación, canalizaciones, diques, siembras y cosechas, crianza e injertos, pero también trabajo de la imaginación. Al fin y al cabo el paisajismo se constituyó como género pictórico de extraordinaria importancia precisamente allí, en el país que literalmente se ha hecho quitando tierras al mar. Por lo que no sorprende que haya granjas como la granja que centra la película con la que Gerard Ortín, el autor de Agrilogística, disecciona con la frialdad de documentalista riguroso y los aciertos rítmicos de un gran compositor todas las secuencias del trabajo bajo techo y a temperatura regulada realizado una granja que en realidad es una fábrica automatizada. Que por lo mismo se ofrece como una invulnerable burbuja tecnológica, como el Arca de Noé en la que los happy few pueden salvarse de la anunciada cuarta extinción de la vida sobre el planeta. (Está abierta en La Capella de Barcelona).

After Nature es la otra exposición. Es de Claudia Comte y cierra hoy sus puertas en el museo Thyssen de Madrid. Cargada de optimismo ofrece un anticipo de la subyugante belleza que tendrá la naturaleza enteramente artificial que está a punto de sustituir a la naturaleza tal y como hasta ahora la hemos conocido. Resulta tan elocuente como sintomático que las esculturas de madera que inspiran sus versiones digitales hayan sido talladas en árboles talados en la Amazonía.

(22.08.2021)

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