Lina Bo Bardi

Su nombre y su obra son muy poco conocidas entre nosotros a pesar de ser ella una de las figuras cruciales de la arquitectura y el arte moderno de Brasil del siglo XX. Y si la traigo a cuento es porque una exposición de su obra, celebrada en las salas de exposiciones de la Fundación March en Madrid, me ha permitido reflexionar sobre el extraordinario proyecto de modernización emprendido ese enorme país en el siglo pasado y que entre los 40 y los 60 del mismo logró realizaciones tan impresionantes como esperanzadoras. Eran en los años en los que la construcción de Brasilia, la nueva capital del país- en su corazón geográfico y no en su periferia costera – fue la más potente demostración de la voluntad de lo mejor de su clase dirigente de lograr que Brasil rompiera con su opresivo legado colonial, engendrara una << civilización tropical >> y emprendiera por fin el camino que debería convertirla en la gran potencia a la que estaba y aún está destinada en convertirse. Los miembros más lúcidos de dicha clase no se resignaban a que un país – que en realidad es un país- continente medio vacío como lo son los Estados Unidos y Rusia – continuara como un subalterno del primero o como un candidato a ser un subalterno del segundo. Es en el contexto marcado por esta gran ambición que se inserta y cumple un gran papel en los terrenos del arte y la cultura Lina Bo Bardi. Una arquitecta nacida en Roma que en 1947 deja atrás una Italia devastada por la guerra y emigra a Brasil, estableciéndose en Sao Paulo, en compañía del coleccionista y crítico de arte Pietro Bardi. Allí se incorpora a la élite intelectual comprometida con proyectos como la bienal y el Museo de Arte Moderno de Sao Paulo, cuya sede construye. También diseña su casa, la llamada Casa de Cristal que, junto con el museo, son dos logro fundamentales de la arquitectura moderna internacional. Y pruebas fehacientes de un compromiso con una modernidad que Lina quiso articular con la cultura popular. De hecho la expo de la March se subtitula Tupi or not Tupi – el lema central del Manifiesto antropófago de los hermanos De Andrade de 1922 – y junto a planos de sus proyectos reúne centenares de obras de arte afros e indígenas. Ella entendió que sin un diálogo franco con estas tradiciones el proyecto de modernización se quedaba en el aire, falto de raíces. El fracaso de este dialogo ha sido el de Brasil como gran país.

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