Los favoritos de Midas.

¿Eres capaz de renunciar a tu riqueza para salvar vidas humanas? Este el punzante dilema moral planteado en 1901 por Jack London su el relato Los favoritos de Midas sobre el que vuelve ahora la serie homónima de Netflix, creada y dirigida por Mateo Gil y Miguel Barrios. Un dilema tan viejo como el capitalismo que hoy cobra de nuevo sentido, cuando son tantos los que en estos tiempos de pandemia y desplome de la salud pública se indignan porque alguien se atreva siquiera a plantear que quienes tienen más paguen más impuestos. Reconozco que no he leído el relato de London, ese escritor cuya vida encarnó como pocas el sueño americano del vagabundo que se convierte en millonario, no por haber descubierto el oro que buscó inútilmente en Alaska sino gracias al talento narrativo que le permitió escribir novelas y relatos que fascinaron a millones de sus compatriotas. Pero mientras emprendo esa lectura, estoy disfrutando la versión de su historia que nos ofrece la miniserie, ambientada en un Madrid de deslumbrante arquitectura empresarial y personajes que son como los típicos personajes de nuestro entramado empresarial, mediático y político. Así como con la forma meticulosa con la que va desmantelando el envoltorio policial y jurídico de lo que en principio aparece solo como un chantaje para dejar en claro lo que tiene de implacable disyuntiva ética. Los autores han superpuesto, además, a esta disyuntiva otra: el empresario debe decidir igualmente si se publica o no en el diario de referencia de su propiedad, una denuncia de la cadena de complicidades entre los grupos financieros y la industria armamentística con las atroces guerras en el Medio Oriente. Se toman sin embargo la licencia de afirmar que es Siria la receptora de las armas cuando en realidad es Arabia saudita y no Siria la que ha recibido sin cortapisas armamento español.  Servidumbres de la imaginación.

Luis Tosar interpreta a Víctor Genovés, el empresario atribulado, y lo hace, como es habitual en él, de manera impecable.

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