Moisés el egipcio.

El descubrimiento en Egipto de las ruinas de una ciudad cuya construcción atribuye al faraón Amenhotep III el arqueólogo al mando de las excavaciones, me ha hecho volver sobre la fundación del monoteísmo, ese episodio crucial de la historia de la humanidad. La ciudad o por lo menos su templo se habría llamado El ascenso de Atón, el nombre del dios sol proclamado como único dios por Amenophis IV, el faraón hijo de Amenhotep III y esposo de Nefertiti. Su muerte, al cabo de 17 años de reinado, facilitó el retorno del politeísmo promovido por la poderosa casta sacerdotal que lo defendía. Dando lugar a la deportación de los monoteístas a Palestina, entonces un protectorado egipcio. La deportación que relata a la vez que enmascara el  Éxodo bíblico, según han argumentado convincentemente los hermanos Messod y Roger Sabbah en su libro Les secrets de l´Exode. L´origine égiptienne des hébreux. Su lectura no despeja todas las dudas e interrogantes pero sí que permite reconocer la importancia de la deuda contraída con Egipto por la cultura judía.

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