Rebeca Plana.

Al confinamiento, al rebrote, al colapso de la economía, a los gurúes de la  esperanza y a los profetas de la catástrofe, a los museos hospitales y a los hospitales inhóspitos, a tanto ruido y tanta furia, a tanto silencio fúnebre y a tantos ánimos sombríos, pese a todo, digo,  es primavera y una buena manera de celebrar la resurrección de la carne y  la vida perdurable es visitar en la galería Álvaro Alcázar de Madrid, la exposición de Rebeca Plana, que es puro color. O mejor: pura celebración del color y del placer siempre infantil de garabatear el lienzo, chorrearlo y mancharlo para demostrar y demostrarte que todavía tienes ímpetu, ganas y energía suficiente como para aguantar lo que falta por aguantar. Placer de la pintura y no del texto, que decía Marcelin Pleynet, tan olvidado.

(11.06.2020)

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