Venecia 2022: la oportunidad perdida.

Yo no suelo peregrinar al muro de los lamentos del mundo del arte español porque prefiero otras formas de deshago. Pero hoy no he podido resistir la tentación de hacerlo para entonar mi propia versión del lamento por el artista elegido para el pabellón español en la bienal de Venecia, lamento tan recurrente, tan aparentemente inevitable. Eso sí, lo hago con muchas dudas, porque no me parece equivocada la elección de Ignasi Aballí para representar a España en la 59 edición de dicha bienal que tendrá lugar en 2022. Él es un buen artista y de seguro ofrecerá una nueva y estimulante vuelta de tuerca a su prolongada interrogación del estatuto de la imagen. Mi objeción no apunta en este caso a la calidad de su obra sino a que el criterio de la calidad no se hubiera conjugado con el de la oportunidad. En 1922 el pabellón cumple 100 años por lo que la elección no debió hacerse hecho solo en función de la calidad o importancia del proyecto curatorial, que también, sino de la necesidad urgente de desagraviar a las artistas españolas que durante este siglo apenas han sido tomadas en cuenta a la hora de elegir a quién debía representar a España en la bienal por excelencia. Un siglo es mucho siglo y muchos los artistas masculinos que han expuesto en el pabellón, mientras que, según mis cuentas, apenas lo ha hecho un puñado de mujeres. Cinco con el preceptivo acompañamiento masculino: María Droc, Susana Solano, Cristina Iglesias, Esther Ferrer, Itziar Okariz. Y apenas dos en solitario: Lara Almárcegui y Dora García. Una pena.

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